Noticia “La evolución del sabor picante de la planta de mostaza”

El sabor picante de la mostaza, surgió, en la evolución vegetal, como un
mecanismo de defensa. La sustancia que da su sabor picante a la especia, es
producida por las plantas de mostaza como un modo de disuadir a insectos
herbívoros de seguir comiendo de esas plantas.

Sin embargo, el motivo
evolutivo exacto de las grandes variaciones en dicho armamento químico, que
existen entre plantas silvestres de mostaza de regiones distintas, ha sido un
enigma durante bastante tiempo.

El misterio puede que se haya resuelto
ahora.

Un equipo interdisciplinario e internacional de investigadores ha
descubierto por qué varían tanto algunas de esas plantas de mostaza silvestre en
términos de su especia picante. La variación es tan importante para esas plantas
que puede representar la diferencia entre la vida y la muerte dependiendo de si
esa parte de su armamento químico está o no ajustada al ecosistema
local.

El grupo de Tom Mitchell-Olds, profesor de biología en la
Universidad Duke en Durham, Carolina del Norte, Estados Unidos, estudia la
Boechera stricta, una planta silvestre de mostaza. Ellos eligieron a la Boechera
como organismo de estudio porque su estrecha relación con la Arabidopsis, una
planta muy estudiada, les ofrecía ventajas técnicas, y también debido a que las
plantas Boechera seleccionadas viven en áreas que no han sido alteradas por las
actividades humanas y que no han cambiado, durante los últimos 3.000
años.

Los investigadores primero identificaron una amplia región en el
genoma de esas plantas que era responsable de diferencias en sus defensas
químicas, grado de vulnerabilidad a los insectos, nivel de supervivencia y tasa
de reproducción, en su entorno natural.


 


Los científicos rastrearon el origen químico exacto de esas diferencias hasta
dar con dos cambios de aminoácidos en la enzima que controla el principal
ingrediente picante de esas plantas. Usando técnicas bioquímicas sofisticadas,
los investigadores descubrieron que esta diferencia aparentemente leve ajusta la
maquinaria de elaboración química de las plantas de modo que ésta elabore una
sustancia defensiva distinta, especialmente eficaz contra los insectos
herbívoros locales.

Cuando plantas que tenían la versión de esa enzima
que normalmente aparece en los vegetales de Colorado fueron plantadas en
Montana, experimentaron grandes dificultades para sobrevivir al ataque de los
insectos propios del lugar. A los vegetales de Montana que fueron plantados en
Colorado también les ocurrió lo mismo con los insectos propios de
Colorado.

Haber hecho los experimentos con plantas típicas de sitios
donde el ecosistema no se ha visto alterado de manera significativa por las
actividades humanas, ha sido decisivo para poder calibrar la envergadura de las
adaptaciones químicas locales de los vegetales. En esos lugares, los genotipos
locales investigados han estado presentes desde hace tres milenios. La variación
dependiendo de la zona geográfica refleja la historia evolutiva de esa clase de
plantas.

Aparte de servir como una forma de conocer mejor esa evolución
vegetal, los resultados de este nuevo estudio también podrían ser de utilidad
para la agricultura.

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