Noticia “El Jardín Botánico ‘Molino de Inca’ de Benalmádena causa sensación”

Su fama se está extendiendo por toda España. Cuantos lo visitan quedan
asombrados por su originalidad y belleza botánica y acuática. En las páginas de
Internet se leen comentarios halagüeños, aunque parcos en palabras por no
acertar sus autores a describir tanta beldad, rayana en lo divino. Tan solo
aciertan a compararlo en su imaginación con el primitivo paraíso terrenal
bíblico. Los novios han encontrado en tan sublime entorno el marco ideal para
sus fotos exteriores de boda. Su día más feliz no está completo si sus valiosas
instantáneas no se impregnan de esta insólita maravilla natural. Hablamos del
Jardín Botánico Molino de Inca, de Torremolinos. Debe el parque su nombre al
viejo molino harinero que alberga en su interior y que, totalmente restaurado
por personal del propio municipio y auspiciado por el Ayuntamiento de
Torremolinos, se exhibe como un genuino museo de la antigua molienda. Su
ingenioso funcionamiento hidráulico, reminiscencia de un ayer olvidado de
tecnologías, cautiva a los millares de visitantes de todas las nacionalidades
que se acercan a admirarlo. Con su salto de agua de más de cinco metros y su
caudal de 22 litros por segundo, el nombre de Inca le viene de don Joseph Inca
Méndez de Sotomayor, quien en el año 1700 le fue otorgada licencia para su
construcción, junto a otro molino que se supone desaparecido, si bien algunas
opiniones se inclinan por la hipótesis de que ambos molinos quedaron con el
tiempo unidos en uno solo, que pudiera ser el actual caserón. Se abre el Jardín
Botánico en el mismo nacimiento de los manantiales, que en otro tiempo
abastecían también de agua a los demás molinos alineados a lo largo del cauce
descendente que finalmente se perdía en el mar. Con motivo de las obras de
conducción de estas aguas a la ciudad de Málaga, el rey Alfonso XIII se acercó a
la Costa del Sol en febrero de 1926 y visitó los manantiales de Torremolinos,
particularmente el manantial del Albercón, que desde entonces se denomina
Albercón del Rey, donde el monarca bebió de sus nítidas aguas, degustando
seguidamente un aperitivo que se le sirvió en la casona del Molino de Inca, cuya
industria había desaparecido tiempo atrás. Unos trescientos árboles de sesenta
diferentes familias, además de ciento cincuenta palmeras de cuarenta especies
distintas y más de cuatrocientos variados y frondosos arbustos pueblan los
40.000 metros cuadrados del Jardín Botánico de Torremolinos. Entre los más
importantes ejemplares arbóreos figura un acebuche al que los expertos calculan
cerca de mil años de antigüedad, amén de una araucaria y un eucaliptus, ambos
centenarios. Originalísimo y atrayente es el gran laberinto de arbustos, de
cincuenta metros de diámetro, con fuentes en su recorrido interior. Otras
fuentes embellecen el paradisíaco recinto, además de una inmensidad de plantas y
extensas alfombras de césped. Un río artificial, artística obra de ingeniería
hidráulica que pasa por natural, brota de entre las piedras y desemboca en un
cercano lago. Suntuosas esculturas de rosado mármol engalanan el parque por
doquier y le dan cierto carácter de museo. Decenas de aves exóticas enjauladas
pintan acá y allá su agreste acuarela zoológica. Adentrarse en el Jardín
Botánico Molino de Inca y gozar de sus múltiples encantos es una experiencia
inolvidable que la persona anhela repetir. Su sola contemplación funde
melancolías y renueva ilusiones. Diseñado y realizado por iniciativa del propio
Consistorio municipal e inaugurado el 10 de Mayo de 2003, el Jardín Botánico
Molino de Inca está considerado por lugareños y visitantes como una de las
grandes maravillas de Torremolinos.

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