Noticia “El exuberante jardín botánico de palmeras tinerfeño construido sobre una montaña de basura”

Una montaña cierra por el sur el perfil de la ciudad de Santa Cruz, la capital de Tenerife . Sin embargo, no se trata de un accidente geográfico natural, sino de una creación humana. En las décadas de 1970 y 1980 la acumulación de basura generó una colina de cuarenta metros de altura que era un suplicio para los chicharreros.

El ingeniero Manuel Caballero, un apasionado de las palmeras, propuso una transformación del espacio que parecía una quimera: convertirlo en un jardín botánico.

Hoy quien pasea por el Palmetum ignora que se halla sobre la antigua montaña de basura, pues el jardín botánico es un oasis de frescor, sombra y aromas en la –generalmente– elevada temperatura de la ciudad.

Desde su apertura en 2014, el Palmetum se ha convertido en la mayor colección de palmeras de Europa. Es un jardín botánico especializado en ellas, y recoge ejemplares de todos los continentes. Sin embargo, no se ciñe a esta familia botánica, sino que cuenta con muchas otras.

Se puede vagar libremente por el jardín siguiendo simplemente la intuición y los educativos rótulos que van hablando de la distribución, las funciones y la importancia ecológica de cada especie. Pero también se puede tomar como base la propuesta del propio parque, que organiza el paseo siguiendo dos itinerarios básicos: el azul se ordena geográficamente; el rojo, es un recorrido etnobotánico, es decir, nos habla de las utilidades que los seres humanos le han dado a las diferentes palmeras. Lógicamente, hay partes del árbol que sirven como alimento, pero también como material de construcción, como medicina…

En 2018 el Palmetum recibió el Premio Alhambra al mejor proyecto de jardinería pública de España

El Palmetum cuenta actualmente con 600 especies de palmeras y supera las tres mil de otras plantas. Es curioso observar palmeras de desierto cerca de otras que solo crecen en pantanos, ejemplares barrigones con estilizados árboles que se estiran hasta alcanzar docenas de metros de altura. Las que proporcionan cocos, dátiles, aceite, madera o fibra.

El Octógono, un espacio que refleja esta forma, está situado a un nivel inferior que el resto del parque, una zona muy sombreada donde una acequia lo rodea y riega las palmeras reales y otras palmas cubanas. Muy cerca, enredándose en un muro de piedra, el viajero observador descubrirá la codiciada planta de la vainilla.

Además de espacios dedicados a las Mascareñas, Melanesia, Asia, África o el Caribe, el sector más cercano a la entrada es para los bosques termófilos canarios. Allí se descubre que el archipiélago es un recipiente perfecto para este tipo de árboles.

Por su diseño con caminos de rampas, el parque es visitable para personas discapacitadas, y hay habilitados, en la zona sur, algunos miradores hacia el océano con bancos y sombra que permiten un rato de descanso para asimilar lo aprendido durante el recorrido.

El Palmetum dedica su extremo sur al llamado Rincón Sostenible, donde se muestran algunos de los secretos de la gestión del jardín, como el agua procedente de la depuradora que se utiliza para regar o el acolchado de restos vegetales triturados fruto de las podas que sirven como nutrientes y para ahorrar agua. En 2018 el Palmetum recibió el Premio Alhambra al mejor proyecto de jardinería pública de España.

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