Noticia “La ilustración científica a mano no va a desaparecer”

En esta entrevista, Elvia Esparza
Alvarado, destacada ilustradora del Instituto de Biología, nos habla de su
exitosa trayectoria profesional.

 

La ilustración científica no es una disciplina reciente, ni mucho menos: se
practica desde hace siglos. Por ejemplo, en De materia medica, obra en cinco
volúmenes de Dioscórides, médico, farmacólogo y botánico griego del siglo I, se
describen con ilustraciones unas 600 plantas, casi 100 minerales y unas 30
sustancias de origen animal (cabe decir que éste fue el manual de farmacología
más influyente en Europa hasta finales del siglo XV).

Desde hace un cuarto de siglo, Elvia Esparza Alvarado, ilustradora científica
del Instituto de Biología (IB) de la UNAM, realiza, a partir de las
investigaciones de los expertos, un minucioso trabajo que ya le ha valido varios
premios internacionales. En entrevista con “Proyecto UNAM”, ella responde a
varias preguntas relacionadas con su quehacer profesional.

–¿Qué es lo que ilustra usted en el IB?

–Insectos, mamíferos, pero sobre todo plantas terrestres, aunque también he
dibujado algunas marinas En cada publicación se hace un mapa de la ubicación,
así como una descripción o una ficha científica, de una determinada especie.
Luego la ilustro; puedo agregar un corte longitudinal y otro transversal del
tallo y el fruto. En ocasiones acompaño a los biólogos en sus trabajos de campo,
con el fin de presenciar las colectas y observar el ambiente en el que recogen
las plantas. Los ilustradores tenemos que empaparnos del trabajo de los
investigadores, escucharlos, estar en el lugar donde llevan a cabo su labor
investigativa, para saber qué van a querer después. Ya en el taller trabajo
también con un ejemplar del Herbario Nacional y con fotografías para ver la
planta fresca y representarla lo más viva posible. A veces no podemos traernos
un ejemplar, como en el caso de los árboles o los cactus, pero tenemos
fotografías de él. Es decir, a veces, las fotografías son la única fuente de una
ilustración científica: permiten ver con claridad los detalles o la estructura
de lo que se quiere ilustrar. Asimismo, mantengo algunas plantas en una mezcla
de alcohol y agua, y aunque pierden su color, puedo sacarlas de la mezcla,
“espulgarlas” y observar al microscopio los detalles de sus partes más delicadas
y sus semillas.

–¿Cuáles son sus herramientas de trabajo?

–Las que cualquier ilustrador necesita: reglas, lápices, tintas, estilógrafos
y ciertos tipos de papel. Pero también, al igual que los investigadores, utilizo
una lupa, un microscopio y una cámara fotográfica; y navajas de disección o
bisturíes para hacer cortes muy finos, y agujas para separar las plantas.

–¿Qué técnicas utiliza?

–El lápiz, para hacer los trazos y bocetos, pero también algunos trabajos
(con él consigo la textura deseada); la acuarela y la tinta. Tengo más de 30
años de trabajar la acuarela, una de las técnicas pictóricas más difíciles.
Todos mis trabajos en color son acuarelas, acuarelas científicas, porque no
pinto al azar o bajo inspiración; no, hay que batallar con el color. Primero
hago el dibujo y luego le pongo el color.

–¿En qué libros y revistas se pueden ver sus trabajos?

–Algunos han quedado plasmados en libros como Iconografía y estudio de
plantas acuáticas de la ciudad de México y sus alrededores, Dinosaurios y otros
bichos, y La flora de Veracruz, entre otros, así como en la Revista Mexicana de
Biología y en los Cuadernos del Instituto de Biología. En 1988, José Sarukhán,
entonces director del IB, me encargó ilustrar el calendario que año con año se
edita aquí. Desde entonces he ilustrado las 25 edicioness que han salido hasta
hoy. En la elaboración y el diseño de este calendario participa también Abisaí
García, especialista en la familia de los agaves. A cada nuevo director del IB,
él le propone los temas de los próximos cuatro calendarios. Si son aceptados, se
encarga de la investigación, de ver qué plantas y animales van a aparecer en
cada uno de ellos, e invita a varios especialistas a colaborar. Para desarrollar
el tema del calendario de 2013, que fue de lo más complicado, el año pasado
estuve en la selva de Los Tuxtlas, Veracruz. El de 2014 estará dedicado a la
selva baja de Chamela, Jalisco.

–¿Cómo fue el calendario de 2010?

–El calendario de 2010 estuvo dedicado a los centenarios de nuestra historia.
Lo ilustré con plantas y animales relacionados con personajes de la
Independencia, la Reforma, la Revolución y los 100 años de la Universidad
Nacional. Algunas especies son emblemáticas de México, como las que aparecen en
el escudo nacional: el águila real, la serpiente de cascabel, el nopal y una
rama de laurel y otra de encino de la especie Quercus robur. También hice
ilustraciones de la flor de nochebuena, del puma, del jaguar, del quetzal y de
un ave conocida como pájaro bandera porque su plumaje tiene los tres colores de
nuestra bandera. Algunas de las especies presentadas son endémicas del país;
incluso hay dos en peligro de extinción: Mammillaria coahuilenses y Obregonia
denegrii, cactáceas muy apreciadas como plantas de ornato en el extranjero. El
nombre de la primera está dedicado al estado de Coahuila; y el de la segunda, al
presidente Álvaro Obregón y a Ramón P. Denegri, su secretario de Agricultura. En
vista de la aceptación de ese calendario se decidió hacer un libro que incluyera
más personajes e información. Así surgió Flora y fauna mexicanas de los
Centenarios, un libro publicado por el IB que contiene 35 especies de plantas y
animales con su ubicación, descripción y referente histórico. Los personajes a
los que se les dedicó una especie son Ignacio Aldama, José María Morelos,
Mariano Abasolo, Hermenegildo Galeana, Miguel Hidalgo, Francisco Xavier Mina,
Ignacio Allende, Leonardo Bravo, Mariano Matamoros, Josefa Ortiz de Domínguez,
Benito Juárez, Maximiliano, Emiliano Zapata, Justo Sierra, José Vasconcelos,
Lázaro Cárdenas y el biólogo Alfonso L. Herrera.

–¿Qué premios ha recibido a lo largo de su carrera?

–En 1999 recibí la medalla de oro de la Royal Horticultural Society de
Londres, Inglaterra, por una exposición de acuarelas sobre la flora mexicana que
se exhibió ahí mismo y en los Royal Botanical Gardens, Kew; recibí también el
Witan Award, galardón otorgado cada año a la mejor exposición de ilustración
científica. En 2004, la Royal Horticultural Society volvió a premiarme con la
medalla de oro por mi trabajo, el cual fue presentado en la BBC Gardener’s World
Live. Sin embargo, una de mis más grandes satisfacciones es la reproducción de
mi acuarela Echinocereus polyacanthus en los libros A passion for plants:
contemporary botanical masterworks y A new flowering: 1000 years of botanical
art, de la coleccionista de arte botánico Shirley Sherwood. La doctora Sherwood
ha dedicado muchos años a coleccionar obras de ilustración botánica, o arte
botánico, de diversos países. Estar considerada dentro de los ilustradores de
arte botánico de los últimos mil años es algo que me hacer sentir muy
satisfecha. También en Estados Unidos se han interesado por mi obra. El original
de mi acuarela La flor de la manita fue adquirido por el Hunt Institute for
Botanical Documentation de la Carnegie Mellon University, en Pittsburgh,
Pensilvania. El Hunt Institute for Botanical Documentation recuperó la obra de
un maravilloso ilustrador mexicano del siglo XVIII, Atanasio Echeverría y Godoy.
En su colección sólo hay dos mexicanos: Atanasio y yo.

–¿Cómo ve el futuro para la ilustración científica?

–La ilustración científica está un poco relegada ahora porque los jóvenes
creen que con los programas de ilustración de la computadora pueden dibujar, y
se olvidan del lápiz. Y también está la fotografía. Pero no es lo mismo, jamás
será lo mismo. Muchos investigadores publican sus trabajos sólo con fotografías.
Claro que, en algunos libros, las fotografías pueden suplir a las ilustraciones
sin ningún problema, pero en muchos otros no. De todos modos, pienso que la
ilustración científica a mano no va a desaparecer. Siguen invitándome a dar
cursos porque no únicamente los jóvenes diseñadores y artistas plásticos, sino
también los biólogos, tienen aptitudes para el dibujo y necesitan apoyar sus
investigaciones con ilustraciones y bocetos.

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