Todas las Especies del Género Dryopteris de la Península Ibérica e Islas Baleares

 

1. El Rizoma (Tallo)

En el género Dryopteris, el tallo es un rizoma robusto, corto y generalmente ascendente (no suele ser rastrero de largo alcance). Está densamente cubierto de pápalas o escamas membranosas (paleas), que suelen ser de color marrón o rojizo y protegen los brotes jóvenes.

2. Las Frondes (Hojas)

Las frondes son la parte más visible y presentan rasgos muy específicos:

  • Preafoliación circinada: Como casi todos los helechos, las hojas nuevas se desenrollan en forma de «báculo» o espiral.

  • División: Suelen ser bipinnadas o tripinnadas (la hoja se divide en folíolos, y estos a su vez en divisiones menores).

  • Eje (Raquis): El pecíolo y el raquis suelen estar cubiertos de las mismas escamas que el rizoma, un carácter clave para diferenciar especies.

3. Estructuras Reproductoras: Soros e Indusio

Aquí es donde reside la identidad del género. Para identificar una Dryopteris, debes dar la vuelta a la fronde y observar los soros (agrupaciones de esporangios):

  • Forma: Los soros son circulares.

  • El Indusio: Es la membrana que cubre los soros mientras maduran. En Dryopteris, el indusio tiene forma reniforme (forma de riñón o de «C»).

  • Inserción: El indusio está unido al fronde por el seno o escotadura (la parte «metida» del riñón).


Diferencias clave con otros géneros comunes

Carácter Dryopteris Polystichum Athyrium
Forma del soro Circular Circular Alargado / Jota
Forma del indusio Reniforme (Riñón) Peltado (Escudo central) Lineal o ganchudo
Textura fronde Herbácea/Blanda Coriácea (Dura) Muy tierna
Borde folíolo Serrado romo Serrado con espinas Muy dividido

Un apunte sobre su genética

El género Dryopteris es famoso entre los botánicos por su capacidad de hibridación y su poliploidía. Es común encontrar ejemplares que son el resultado de cruces naturales, lo que hace que su identificación a nivel de especie sea un reto que a veces requiere observar las esporas al microscopio.

Nota etimológica: El nombre proviene del griego dryas (roble) y pteris (helecho), aludiendo a que frecuentemente crecen en los suelos de los robledales.